Las abejas trabajan en la oscuridad; el pensamiento, en el silencio; y la virtud, en el secreto.
Que Dios y María Santísima te bendigan. Mary y Jaime.
Las abejas trabajan en la oscuridad; el pensamiento, en el silencio; y la virtud, en el secreto.
Que Dios y María Santísima te bendigan. Mary y Jaime.
MI ORACIÓN
(Pergamino diez de El Vendedor Más Grande del Mundo, de Og Mandino)
¿Qué hombre tiene tan poca fe, que en un momento de gran angustia no haya invocado a Dios?
No se necesita estar saturado de religión para reconocer que nuestros clamores son una forma de oración, y que no hay nada indigno en clamar pidiendo ayuda.
De ahora en adelante oraré no para pedir cosas, sino para obtener luz y dirección.
No pediré riquezas, amor, buena salud, victorias mezquinas, fama, éxito o felicidad, como si ordenara a un mesero u hotelero que me sirviera comida o me proporcionara una habitación; no.
Pediré orientación, guía, luz, a fin de que se me señale el camino para adquirir estas cosas, y mi oración siempre encontrará respuesta.
Señor, creador de todas las cosas, ayúdame para que no pierda el camino del éxito y la felicidad.
No pido oro ni comodidades; dame la habilidad para aprovechar mis oportunidades. Enséñame a conquistar con palabras, y a prosperar con amor.
Enséñame a permanecer humilde en los fracasos, sin perder de vista el premio de la victoria.
Ponme frente a temores que puedan templar mi espíritu, pero dame valor para reírme de mis dudas.
Dame un número suficiente de días para alcanzar mis metas, pero también ayúdame a vivir el hoy como si fuera el último.
Guía mis palabras para que den frutos.
Disciplíname para no darme por vencido, y ábreme los ojos para ver la oportunidad.
Enriquéceme con buenos hábitos, pero dame comprensión para las debilidades humanas.
Que comprenda que todo pasará, pero que reconozca también cuanto he logrado.
Exponme al odio para que no me sea extraño, pero lléname de amor, para hacer de los extraños mis amigos.
Que todo esto sea así si es tu voluntad.
Debe existir un lugar para mí.
Guíame, ayúdame, señálame el camino.
Haz que llegue a ser todo lo que tú tenías planeado para mí cuando me plantaste para germinar en la viña del mundo.
Ayuda a este ser, a este humilde vendedor.
Guíame, Dios, guíame, Señor.
Que Dios y María Santísima te bendigan. Mary y Jaime.
ORACIÓN
Creo en ti, Señor, pero ayúdame a creer con firmeza.
Espero en ti, pero ayúdame a esperar sin desconfianza.
Te amo, Señor, pero ayúdame a demostrarte que te quiero.
Estoy arrepentido, pero ayúdame a no volver a ofenderte.
Te adoro, Señor, porque eres mi creador, y te anhelo, porque eres mi fin.
Te alabo, porque no te cansas de hacerme el bien.
Y me refugio en ti, porque eres mi protector.
Que tu sabiduría, Señor, me dirija, y tu justicia me reprima.
Que tu misericordia me consuele, y tu poder me defienda.
Te ofrezco, Señor, mis pensamientos; ayúdame a pensar en ti.
Te ofrezco mis palabras; ayúdame a hablar de ti.
Te ofrezco mis obras; ayúdame a cumplir tu voluntad.
Te ofrezco mis penas; ayúdame a sufrir por ti.
Todo aquello que quieres tú, Señor, lo quiero yo.
Precisamente porque lo quieres tú, como tú lo quieres
y durante todo el tiempo que lo quieras.
Te pido, Señor, que ilumines mi entendimiento, que fortalezcas mi
voluntad, que purifiques mi corazón, y santifiques mi espíritu.
Hazme llorar, Señor, mis pecados, rechazar las tentaciones,
vencer mis inclinaciones al mal, y cultivar las virtudes.
Dame tu gracia, Señor para amarte, y olvidarme de mí,
para buscar el bien de mi prójimo, sin tener miedo al mundo.
Dame tu gracia, Señor para ser obediente a mis superiores,
comprensivo para con mis inferiores, solícito hacia mis amigos,
y generoso para con mis enemigos.
Ayúdame, Señor, a superar con austeridad, el placer;
con generosidad, la avaricia; con amabilidad, la ira; con fervor, la tibieza.
Que sepa yo tener prudencia, Señor, al aconsejar; valor en los peligros,
paciencia en las dificultades, sencillez en los éxitos.
Concédeme, Señor, atención al orar, sobriedad al comer,
responsabilidad en mi trabajo, y firmeza en mis propósitos.
Ayúdame, Señor, a conservar la pureza del alma.
A ser modesto en mis actitudes, ejemplar en mí trato hacia mi prójimo,
y verdaderamente cristiano en mi conducta.
Concédeme tu ayuda para dominar mis instintos.
Para fomentar en mí tu vida de gracia.
Para cumplir tus mandamientos, y obtener mi salvación.
Enséñame, Señor, a comprender la pequeñez de lo terreno,
la grandeza de lo divino, la brevedad de esta vida,
y la eternidad de la futura.
Concédeme, Señor, una buena preparación para la muerte,
y un santo temor al juicio, para librarme del infierno,
y obtener tu Gloria, por Cristo, nuestro Señor, amén.
Que Dios y María Santísima te bendigan. Mary y Jaime.
OG MANDINO
"Los premios en la vida se encuentran al final de cada jornada, y no al principio".
"Daré siempre un paso más, y si no es suficiente, daré otro y otro".
"Mi esfuerzo diario será como el golpe tenaz del hacha sobre el duro roble".
Si unos quieren hacer con su barro una cueva, yo, con el mío, haré un castillo".
"Trabajaré cuando el fracasado busque pereza".
"No dejaré que los triunfos de ayer me hagan caer en la vana complacencia de hoy".
"Intentaré una vez más".
Que Dios y María Santísima te bendigan. Mary y Jaime.
CORAZONCITO
"Dios mío, yo no sé por qué no educamos a nuestros hijos para que sean más afectuosos, más cariñosos y más amorosos.
Ellos llegan a mi habitación, platican; pero no me tocan, no me acarician.
Ya nadie me toca; nadie me hace cariñitos.
Me llaman mamá, madre o abuela, pero ya nadie me llama Corazoncito.
Mi madre me llamaba Corazoncito y también lo hacían mis amigos.
Mi esposo me llamaba Corazoncito.
¿Cuánto tiempo ha transcurrido desde que alguien me hizo una caricia?
Hace veinte años quedé viuda.
Todos me sonríen, pero nadie me hace una caricia.
¡Oh Dios, estoy tan sola!
A mi esposo, no parecía importarle que yo estuviera gordita. Me amaba y me acariciaba.
Los niños acostumbraban a abrazarme.
¡Oh Dios, qué sola me encuentro!
Nadie me acaricia; hace mucho que nadie me llama Corazoncito.
Todos se han ido. Y Corazoncito también se ha ido.
Que Dios y María Santísima te bendigan. Mary y Jaime.
JESÚS NACE
Jesús nace cada vez que limpiamos nuestro corazón.
Jesús nace cada vez que perdonamos, amamos y servimos al mundo.
Que esta Navidad seamos un poco de Jesús para el mundo.
Que su Luz nos llene tanto que la noten los demás.
Que Dios y María Santísima te bendigan. Mary y Jaime.
DIOS PREMIA EL ESFUERZO
Un rey colocó una gran piedra obstaculizando un camino.
Se escondió y miró para ver si alguien quitaba la piedra.
Algunos de los comerciantes más adinerados le dieron la vuelta.
Muchos culparon al rey de no mantener los caminos despejados.
Ninguno hizo algo para sacar la piedra del camino.
Entonces un campesino, que llevaba una carga de verduras, trató de mover la roca a un lado del camino.
Después de empujar y esforzarse mucho, lo logró.
Mientras recogía su carga de vegetales, notó una cartera en el suelo, justo donde había estado la roca.
La cartera contenía muchas monedas de oro y una nota del mismo rey indicando que el oro era para la persona que removiera la piedra del camino.
Dios premia el esfuerzo.
Que Dios y María Santísima te bendigan. Mary y Jaime.