sábado, 19 de enero de 2013

LECCIÓN DE CONGRUENCIA.

LECCIÓN DE CONGRUENCIA

 

El semáforo se puso amarillo justo cuando él iba a cruzar en su automóvil.

 

Se detuvo en la línea de paso para los peatones.

 

La mujer que estaba en el automóvil detrás de él estaba furiosa.

 

Le tocó la bocina por un largo rato e hizo comentarios negativos en alta voz, ya que por culpa suya no pudo avanzar.

 

En medio de su pataleta, oyó que un agente de tránsito le tocaba el cristal.

 

El oficial le ordenó salir de su coche; la llevó a la comisaría.

 

Después de un par de horas, un policía se acercó a la celda y abrió la puerta.

 

La señora fue escoltada hasta el mostrador, donde el agente que la detuvo estaba esperando con sus efectos personales. "Señora, lamento mucho este error", le explicó el policía.

 

"Usted se encontraba tocando bocina fuertemente.

 

Quería pasar por encima al automóvil del frente.

 

 maldijo, gritó improperios y dijo palabras soeces.

 

Mientras la observaba, me percaté que de su retrovisor cuelga un Rosario.

 

 Su carro tiene  una calcomanía que dice:

 

'¿Qué haría Jesús en mi lugar?'

 

Otra calcomanía que dice:

 

Cristo  guía mis pasos, Él es mi luz y mi salvación.

 

Supuse que el auto era robado".

 

El cristianismo es un estilo de vida: el estilo de vida de Jesús.

 

Que Dios y María Santísima te bendigan.   Mary y Jaime.

viernes, 18 de enero de 2013

USTED.

USTED

Usted fue niño, vivió en un mundo interesante.

Era imposible desalentarlo y todo le sonreía.

Era muy entusiasta, nada le aburría, ni lo más sencillo.  

Si quería algo, valía la pena ir tras ello.

No pensaba en razones de por qué no podía alcanzar sus metas.

No conocía el significado de ser pesimista o sarcástico.

Claro, cayó algunas veces, pero no había ninguna razón para no intentarlo de nuevo.

No tenía razones para no hacer amistades, ni motivos para temer a lo desconocido.

Quien no arriesga no gana.  

Era curioso y tenía muchas ganas de aprender.

No tenía responsabilidades o compromisos con nadie.

No tenía frustraciones.

Despierte al  niño que era y que está dentro de usted, esperándole.

Revisé su energía ilimitada, su curiosidad, el placer del descubrimiento y el cambio; la agilidad para recuperarse después de una caída; todo eso es posible aún.  

¿Hay algunas cualidades que tenía de niño o de joven que le gustaría reconquistar?  

De usted depende…   Piénselo.

Que Dios y María Santísima te bendigan.   Mary y Jaime.

jueves, 17 de enero de 2013

EL ENCUENTRO CON JESÚS.

Cuando ponemos de nuestra parte, aumenta la ayuda divina.

Con la oración y los sacramentos nos mantenemos unidos a Jesús.

La Sagrada Eucaristía aumenta la santidad y la unión con Dios.

La participación del Cuerpo y la Sangre de Cristo no hace otra cosa sino transfigurarnos en aquello que recibimos.

Son muchas nuestras debilidades, por eso ha de ser frecuente el encuentro con Jesús en la Comunión.

Que Dios y María Santísima te bendigan.     Mary y Jaime.

 

 

 

miércoles, 16 de enero de 2013

RAMIRO QUIERE UN PAQUETE.

Ramiro quiere un paquete

 

¡Eres un irresponsable, 14 años encima y eres un niño!

 

Se te olvidó, papá, enseñarme a llevar paquetes.

 

¿Cuándo se contó conmigo en casa para algo? 

 

¿Cuándo tuve que recoger a mis hermanos del colegio?

 

Ayer mandaste al chofer a pagar mi colegiatura.

 

Y el mes pasado fuiste tú mismo.

 

Se te olvidó, papá, dejarme pagar mi colegiatura.

 

¿Cuándo tuve yo qué lavar el coche los domingos? 

 

¿Y arreglar el jardín?

 

Y ¿Recoger la mesa y lustrar a diario mis zapatos?

 

¿Por qué no me mandas a entregar los pedidos de medicina a la farmacia América.

 

Quiero realizar pequeños trabajos.

 

Quiero comprar calcetines rojos con el dinero que yo he ganado.

 

Mamá, quiero ir por la leche y el pan todos los días.

 

Y si no quiero, ¿por qué no me mandas?

 

Se te olvidó mandarme, mamá.

 

Es más fácil que el chofer y las sirvientas hagan bien las cosas, y sin riesgos.

 

¿Por qué no te arriesgaste a dejarme llevar un paquete?

 

Se te olvidó, mamá, enseñarme a llevar paquetes.

 

Se te olvidó enseñarme a ser hombre.

 

Y a los 14 años se me caen las manos.

 

A mí también me da vergüenza.

 

Fíjate que en el colegio nombraron a Roberto "delegado del grupo".

 

Dicen que tiene responsabilidad.

 

A Roberto lo nombró  el maestro "coordinador de la excursión".

 

Roberto recibe las cuotas, y nos da los avisos.

 

Roberto desde chico lava el coche de su casa y, arregla el jardín.

 

Roberto recoge a sus hermanos, aunque llueva y tenga mucha flojera.

 

Él también paga el gas y compra sus tenis.

 

También a Enrique, mi amigo que tú conoces, lo hicieron jefe de tareas.

 

Enrique también escribe los promedios.

 

 Y… A Ramiro, tu hijo, lo dejaron sin paquetes.

 

Dicen que no tengo responsabilidad.

 

Se te olvidó, papá, enseñarme desde chico a cargar paquetes.

 

A llevarlos, aunque llueva y tenga flojera. 

 

Se te olvidó mandarme a fuerza, si no quiero.

 

Se te olvidó contar conmigo.

 

No quisiste arriesgar poco a poco; ni fuiste confiando en mí.

 

No me dejaste paquetes a la medida de mis manos de 9, 11 y 12 años; a la fuerza de mis brazos de esa edad.

 

Mi voluntad creciente que se quedó raquítica.

 

Por favor, papá, enseña a Jorge, mi hermano de 8 años a llevar paquetes número 8.

 

Enseña a Leticia, de 9 años, con sus paquetes de 9.

 

No tendrás que decirles:

 

¡Eres un irresponsable!

 

Y ellos sabrán llevar paquetes del número 25 y 40.

 

Dicen que son paquetes la vida, la familia, y el trabajo.

 

No se te olvide, papá, de enseñar a ser hombre a Jorge; y mujer a Leticia.

 

Que María Santísima te bendigan.     Mary y Jaime.

 

 

martes, 15 de enero de 2013

USTED ES EL ÚNICO QUE ME SONRÍE Y ME SALUDA CADA MAÑANA.

 

Queridos Hijos:

Un hombre trabajaba en una planta empacadora de carne.

Un día, terminando su horario de trabajo, fue a uno de los cuartos refrigerados para inspeccionar algo.

Al entrar se cerró la puerta con seguro y quedó atrapado en aquél lugar.

Golpeó fuertemente la puerta y empezó a gritar, pero nadie lo escuchaba.

Los trabajadores ya se habían ido a sus casas.

Llevaba cinco horas en aquella fría habitación, al borde de la muerte cuando, de repente, se abrió la puerta.

¡Era el guardia de seguridad!

-"¿Cómo se dio cuenta que estaba aquí?" preguntó.

- "Porque extrañé su saludo.

Usted es el único de los trabajadores que me sonríe y me saluda cada mañana al venir y cada tarde al regresar a su casa.

Los demás me tratan como si yo fuera invisible.

Hoy no se despidió de mí.

Me imaginé que algo le había pasado, por eso lo busqué y, por gracia de Dios, lo encontré."

- Que lección, ¿no es cierto?

– Hijo mío, Dios te creó con una sonrisa.

No permitas que nadie te la quite.

¡Por el contrario, dala y verás cuánto más recibes!

- Orando siempre por ustedes - Bendiciones, P. Pedro.

Que Dios y María Santísima te bendigan.   Mary y Jaime.

viernes, 11 de enero de 2013

VEINTICINCO CENTAVOS DE MÁS.

VEINTICINCO CENTAVOS

DE MÁS

 

Hace años un sacerdote se mudó a Houston, Texas.

Poco después subió a un autobús para ir al centro de la Ciudad.

Al sentarse, descubrió que el chofer le había dado una moneda de 25 centavos de más en el cambió.

Mientras consideraba qué hacer, pensó para sí mismo:

"¡Ah!, olvídalo, son solamente 25 centavos. ¿Quién se va a preocupar por tan poca cantidad?

De todas formas la compañía de autobuses recibe mucho de las tarifas, y no la echarán de menos.

Acéptalo como un regalo de Dios".

Pero cuando llegó a su parada, se detuvo y, pensando de nuevo, decidió darle la moneda al conductor, diciéndole:

"Tome, usted, me dio 25 centavos de más".

El conductor, con una sonrisa le respondió: Sé que es el nuevo sacerdote del pueblo.

He pensado regresar a la Iglesia, y quería ver qué haría usted si yo le daba veinticinco centavos de más".

El sacerdote bajó del autobús, y dijo para sí: "¡Oh Dios mío!, por poco vendo a tu Hijo por 25 centavos".

 

Que Dios y María Santísima te bendigan.   Mary y Jaime.

 

 

jueves, 10 de enero de 2013

CONSUMISMO.

Necesito poco, y lo poco que necesito, lo necesito poco.

 

San Francisco de Asís.

 

CONSUMISMO

(Extracto de la reflexión dominical del padre Rogelio Narváez Martínez)

El tema de la austeridad y la cercanía con la Navidad me ha hecho recordar un libro de Geraldine Brooks titulado:

El Universo en un Jardín.

En él narraba su asombro ante el consumismo en que se había sumergido su hijo Nathaniel.

"Me asombra la gran cantidad de bienes materiales que mi pequeño ya ha consumido.

Tiene cinco años y ya descompuso una podadora de césped amarilla, un triciclo de manillar rojo, un señor papá con protuberancias marrón y verdes.

Las cosas le duran hasta que el microcircuito se estropea o el plástico se haga añicos.

Los juguetes modernos no le dejan lugar a la imaginación:

Ahora son los microcircuitos los que piensan; los personajes de dibujos animados ya vienen con todo y diálogos solo basta aplastar un botón, y toda muñeca arrastra tras de sí un séquito de accesorios que comprar".

Ella narra que cuando era niña en Australia, era llevada por su madre a recorrer la finca, allí en donde cada planta y cada piedra tenían una historia para contar.

Una lagartija que se asoleaba sobre un ladrillo era el héroe en un cuento de dragones.

Los hongos de forma quebrada eran la escalinata de un hada, que conducía hasta un reino secreto.

Las margaritas tenían caras y las azaleas eran los vestidos de noche para que la margarita fuera de baile con un príncipe.

En el otoño las hojas caídas les permitían jugar a la tienda de los sombreros.

No hacía falta gastar para jugar a estos juegos.

Lo único que se necesitaba era la dedicación de su madre.

Dice ella:

Si examino los costosos regalos que recibe Nathaniel, parece que toda su gracia reside en que no necesitan la intervención de los padres, y parece ser que para eso los compramos.

Algunos juguetes tienen alegres voces automáticas que hablan al pulsar un botón:

"Escoge un amigo para ir a la tienda", invitándolo a elegir entre sapos y ratones antropomorfos.

Todavía recuerda Geraldine aquellas invitaciones que le hacía su madre:

"Vamos de compras.

En el jardín hay un árbol donde se venden sombreros elegantes",... y se la pasaban largas horas escogiendo entre las hojas de los árboles el sombrero más bello.

Termina Geraldine con una reflexión:

"¿Me pregunto si todas las cosas que le he dado a mi hijo no le habrán quitado algo?"

Que Dios y María Santísima te bendigan.   Mary y Jaime.

 

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