sábado, 10 de septiembre de 2011

“Aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón”. Jesús

 

 

Llegaron a Cafarnaúm, y una vez en casa, les preguntó: "¿De qué discutían por el camino?" Pero ellos se quedaron callados, porque en el camino habían discutido sobre quién de ellos era el más importante.

 

Entonces Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: "Si alguno quiere ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos".

 

Después, tomando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: "El que reciba en mi nombre a uno de estos niños, a mí me recibe. Y el que me reciba a mí, no me recibe a mí, sino a aquel que me ha enviado". San Marcos IX, 33-37.

 

 Debo acercarnos a Dios con humildad, apertura, sencillez y confianza.

 

El hombre soberbio se cree superior a los demás; se olvida de Dios y del hermano y solamente piensa en sí mismo.

 

Fuera de Dios el hombre es un ser solitario y hambriento. La satisfacción le dura poco y se acaba pronto, y el pecado jamás produce felicidad. Viene luego la soledad y le pérdida de la dignidad. Fuera de Dios es imposible la felicidad.   

 

Que Dios y María Santísima te bendigan.     Mary y Jaime.

 

 

 

 

  

             

 

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