lunes, 4 de noviembre de 2013

PAPILLÓN.

PAPILLÓN

(Extracto de la reflexión dominical del padre Rogelio Narváez Martínez)

Reconocer nuestros errores supone la valentía de mirar despacio hacia el interior de la conciencia para ver cómo se está viviendo, cuáles son los valores, dónde están los ídolos.

¿Te acuerdas de la película de Papillón?

El prisionero francés condenado a cadena perpetua en la prisión de la Isla del Diablo, se veía conturbado por una pesadilla recurrente.

Repetidas veces soñaba que se encontraba de pie delante de un severo tribunal:

 El de su conciencia y el de aquel sinsabor que se genera por una existencia echada a la basura.

"Se le acusa", le gritaban, "de llevar una vida desperdiciada. ¿Cómo se declara?"

"Culpable, Su Señoría", respondía, "me declaro culpable".

Papillón, el prisionero, conocía el significado de la palabra desperdicio.

Para él, desperdicio significaba dejar que su vida transcurriera bajo el control de sus solos impulsos.

Dios nos ha dado la capacidad de dirigir nuestra propia vida. Pero necesitamos del Señor, puesto que sin Él no podemos, ni tú ni yo, ni nadie.

Reconocer nuestros errores supone la valentía de mirar despacio hacia el interior de la conciencia para ver cómo se está viviendo, cuáles son los valores, dónde están los ídolos.

Un momento de reflexión nos lleva a la claridad para ver dónde está nuestra falla.

Sólo después viene la mejor de las conversiones, no la de aquellos que hemos cambiado de actividades sino la de aquellos que han cambiado de corazón.

Que Dios y María Santísima te bendigan.   Mary y Jaime.

 

Entradas populares